¿Qué es la producción y gestión social del hábitat?


Universidad Nacional de Córdoba
Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo

Publicado
16 de febrero de 2022

El concepto específico de Producción Social de vivienda (PSV) en América Latina, tiene historia y surge desde su materialización en los territorios. Esa forma particular de producción, fue valorada y reconocida por un conjunto de actores de ONGs, organizaciones de base para el desarrollo (OBD), movimientos, organizaciones sociales comunitarias, activistas de derechos humanos, académicos, articulados a la Coalición Internacional del Hábitat en América Latina (HIC-AL) y posteriormente reconocido por otras regiones del mundo.

Enrique Ortiz (2015) diferencia la producción social de otras formas productivas “cuando es por iniciativa y bajo el control de autoproductores individuales u organizados y de empresas sociales, viviendas y conjuntos habitacionales que asigna a demandantes principalmente de bajos ingresos que, por lo general, son identificados y participan activamente desde las primeras fases del proceso habitacional” (p. 41).

Afirma que el aspecto central que diferencia a una u otra forma de producción es quién “ejerce el control sobre la integralidad del proceso”.

Estas modalidades de producción social, son propuestas diversas que surgen desde prácticas concretas en campo. Son de abajo hacia arriba y desde la periferia al centro. Creativas, diversas y evolutivas en espiral.

Caracterización de formas de Producción Social y formas de interacción profesional

Mariana Enet, Gustavo Romero Fernández y Rosa Olivera Gómez (2008, pp. 40-46) identifican dentro de la producción social algunas diferencias sobre las condiciones para ejercer el control sobre las decisiones del proceso:

a) Como concepto histórico comunitario [1] que desarrollaron los pueblos, en particular los latinoamericanos, como forma integral de producir su hábitat (mutirão, minga, ayllu, faena, tequio, mano vuelta, entre otras); se puede entender como “trabajo cultural, religioso, colectivo, solidario, y como parte del proceso progresivo de desarrollo de objetivos comunes ligados a la producción de un hábitat para la vida de la persona en una comunidad.

b) Como estrategia de sobrevivencia de los expulsados del sistema capitalista extractivo actual (villas miseria, favelas, callampas, asentamientos o barrios precarios, entre otros). La dimensión del problema, según ONU HABITAT (2018) se visualiza por:

La rápida urbanización actual ejerce presión sobre la vivienda y el uso del suelo. Para el 2030, cerca de 3.000 millones de personas o el 40% de la población del mundo necesitarán tener acceso a viviendas, infraestructura básica y a otros servicios tales como sistemas de acueducto y saneamiento. Estas cifras pueden traducirse en la necesidad de construir 96.150 viviendas diarias en suelos con servicios a partir de este momento y hasta el 2030.

Si bien es por iniciativa de sus autoproductores y se involucran en todo el proceso, las condiciones a las que, el sistema les expone, son extremas. En este tipo de producción generalmente se observan elevados porcentajes de precariedad, por materiales y patologías constructivas, hacinamiento familiar y de servicios, y niveles de terminación. Generalmente asentados en tierras no urbanizadas y de distinto tipo de propiedad, en muchos casos esas viviendas quedan sujetas a situaciones de riesgos de desastre natural, contaminación, enfermedades por precariedad (tuberculosis, Denge, COVID-19, entre otras), violencia, hacinamiento. En su gran mayoría son identificadas como viviendas irregulares o ilegales porque no cumplen con las normativas y requisitos del mismo sistema que los expulsó.

c) Como vivienda autoproducida individual, entendida como la capacidad de individuos para decidir cómo producir su vivienda, porque pueden acceder con distintas estrategias (no convencionales) a recursos técnicos y/o financieros y/o jurídicos. Son viviendas que se van produciendo progresivamente, en largos períodos, con diversas modalidades de mano de obra (esfuerzo propio, ayuda mutua, contratación de mano de obra especializada para algún rubro específico), con ahorros propios y/o préstamos y/o créditos fuera del mercado formal, con o sin asesoramiento técnico, entre otros. Es la forma más frecuente de producción de vivienda, las cuales pueden ser caracterizadas inicialmente como informales, por tener distintos niveles de terminación y alguna precariedad recuperable, pero con el tiempo llegan a subsanar estas deficiencias.

El problema de este tipo de producción es en qué medida, para realizarla, las familias relegan otros derechos y necesidades esenciales, sumado al tiempo que les insume su terminación. Muchas veces, se completa cuando ya ha pasado el ciclo reproductivo de una familia.

También debemos destacar, que en esta misma forma de producir socialmente el hábitat se encuadran sectores medios y medio-altos que deciden procesos autogestionados para producir su vivienda y que, en muchos casos, lo resuelven sin la participación de profesionales y contratando a personas con oficio en la construcción.

d) Vivienda autoproducida colectiva, esta modalidad, sigue los mismos principios anteriores pero se distingue y cambia sus posibilidades de acción porque busca articularse a otros que tengan situaciones equivalentes.

Este cambio es esencial, ya que, “el término social es realmente opuesto a individual; esto significa que se refiere a las relaciones entre, no es solamente la cuestión de ser, sino la cuestión de ser con” (Massey, 2008, p. 331).

Pueden ser organizaciones formales o informales pero tienen conciencia que individualmente no podrán alcanzar el acceso a la tierra y/o vivienda, como el grupo anterior. Buscan acompañamiento técnico de voluntarios y/u organizaciones académicas y/u ONGs u OBDs que los asesoran para acceder a programas gubernamentales que pueden contribuir a cumplir sus objetivos. Adoptan diversas modalidades de mano de obra, pero generalmente eligen procesos de autoconstrucción por ayuda mutua y esfuerzo propio, en casos de organizaciones con cierto nivel de experiencia incorporan otras formas como cooperativas, asociación de trabajadores, entre otras. Al igual que el grupo anterior, pueden tener situaciones de precariedad que, con el tiempo, llegan a transformar.

e) Como proceso de hábitat autogestionario, generalmente producida por grupos de base organizados y articulados con otras organizaciones y redes para incidir en las políticas públicas, exigiendo el cumplimiento de derechos y enfoques de géneros. Con distinto nivel de integración a la organización, cuentan con acompañamiento técnico completo e independiente. No son solo viviendas, sino propuestas integrales de políticas autogestionarias de hábitat desde una concepción multidimensional y multiescalar. Pueden adoptar distintas formas de producción de obra, en base a un análisis estratégico y de negociación con actores de la lógica pública y económica, promoviendo desde la autoconstrucción hasta formas organizadas en cooperativas autogestionarias, empresas sociales, clústeres productivos y formas mixtas.

Las dos últimas formas de producción: autoproducción colectiva y como proceso de hábitat autogestionario, son las que más posibilidades tienen de lograr transformaciones y proponer innovaciones al sistema dominante para alcanzar derechos.

Las tres A. Autoproducción, Autogestión y Autoconstrucción, parecidas pero diferentes

La autoproducción y la autogestión, son formas colectivas y organizadas de producir socialmente el hábitat, tomando todas las decisiones durante el proceso, con acompañamiento técnico. El aspecto esencial en que sí se diferencian es por el nivel de fortalecimiento de la organización social de base, para tener conciencia de que el problema de hábitat responde a una violación de derechos y ausencia o insuficientes políticas gubernamentales para subsanarlo. Que no se trata de un problema individual, sino colectivo, relacionado a un modelo de desarrollo predominante. Que no podrá resolverlo solo con su sacrificio personal y/o familiar a través de discursos de meritocracia, sino que, deberá promover procesos de incidencia en política generando espacios de negociación y propuesta para tratar de revertir las condiciones inequitativas a las que son sometidos. Es importante entender que lejos de autosolucionar sus problemas de hábitat, su posición se basa en el requerimiento del cumplimiento de obligaciones que tiene el Estado como garante en el cumplimiento del derecho a la vivienda adecuada y la ciudad, proceso que se denomina autogestión. Un concepto que implica un nivel de organización, conciencia como sujeto activo y propositivo que interviene en la Gestión Social del Hábitat, a través de la incidencia en política en forma articulada y estratégica con otros actores. Desde los ámbitos profesionales, el acompañamiento técnico incluye una clara posición política social (no partidaria) y una intencionalidad de acompañar los procesos de incidencia y negociación. No acepta las limitaciones que le imponen las lógicas estatales y mercantiles.

Enrique Ortiz Flores lo describe como “un sistema complejo, flexible, participativo de producción y gestión social que conjunta, por su naturaleza misma, una enorme diversidad de componentes, actores y procesos” (citado en Enet, Romero Fernández y Olivero Gómez, 2008, p. 13). La autoconstrucción es solo una forma solidaria de producir las obras, que puede ser por esfuerzo propio o ayuda mutua. Todas las formas de producción social pueden adoptarla o no, según consideren estratégico hacerlo. Si podemos aseverar que, la inclusión de mano de obra colectiva, no solo contribuye a reducir costos de obra, sino que es muy efectivo para fortalecimiento de un sentido comunitario y contención y acuerdos sociales con enfoque de géneros.

La caracterización de estas formas de producción no es solo una clasificación teórica para describir formas de acción, sino que, principalmente se diferencian porque al momento de acompañar técnicamente, se deben plantear estrategias diferenciadas.

La metodología abierta, flexible, evolutiva es igual para todos, pero las tácticas, los métodos de diseño participativo, las técnicas y dinámicas con las que intervienen los profesionales del hábitat, deberían ser diferentes. Para cada una de estas modalidades se plantean objetivos y alcance de acción que dependen de las variables descriptas.

Las tres P: Producción Social de Vivienda (PSV); Producción Social del Vivienda y Hábitat (PSVyH); Producción y Gestión Social del Hábitat (PGSH), son parecidas pero diferentes. No son términos contradictorios sino que expresan diversidad de condiciones, actitudes y aptitudes para producir socialmente un lugar habitable.

Por la evolución de la comprensión del enfoque de la complejidad y el pensamiento sistémico donde se concibe un cambio desde el problema sectorial de la vivienda a otras dimensiones polisémicas del hábitat.

Por el agregado de Gestión, que está indicando procesos autogestionarios estratégicos que buscan transformar las condiciones de las políticas, articulando y/o incidiendo en diversos actores y redes de actores, para promover el cumplimiento de derechos y enfoque de géneros. Desde la Producción Social como estrategia de sobrevivencia hasta la Producción y Gestión Social del Hábitat muestra distintas posibilidades que tienen las personas para decidir y actuar.

Georgina Sandoval, referente y pionera en el desarrollo del término PSV como parte de las organizaciones mexicanas de HIC-AL, me desafía con una pregunta: “¿oye, porqué ahora a la PSV le dicen PGSH?” Esto me llevó a pensar cuál es la diferencia fundamental de los conceptos. Y claramente es la actitud y aptitud de incidir y transformar las políticas y programas de hábitat.

El profesional, no solo deberá brindar una respuesta técnica apropiada a la problemática acompañando el proceso social, sino que, se integrará a estrategias de incidencia para cambiar las propuestas de programas promovidas desde la lógica estatal o mercantil. Reconoce la disputa de lógicas en el acceso a la tierra y a las formas de producir el hábitat.

Víctor Pelli señala dos triples saltos epistemológicos: por un lado, cómo ha pasado del diseño de objetos al diseño de procesos y de ahí a la gestión de procesos. Y por otro, el tránsito del enfoque disciplinar al transdisciplinar y por último al enfoque transectorial (entre sectores técnicos, políticos y ciudadanos). Estos saltos están relacionados: para los arquitectos, con el tránsito de los métodos de diseño participativo al diseño metodológico de procesos de PGSH complejos y con múltiples actores, que no es otro que el paso de la disciplina a la transdisciplina. Estamos hablando entonces de gestión participativa de procesos intersectoriales, lo cual termina de dibujar el escenario de la propuesta de Mariana Enet (López Medina, 2010, pp. 93-94).

En lo que todas las modalidades coinciden en que son procesos de abajo hacia arriba y de la periferia al centro. Procesos creativos que buscan transformar las prácticas hegemónicas que se imponen desde las lógicas de las políticas públicas y la lógica mercantil-financiera.

Otro aspecto clave a diferenciar, es que la producción social que no cuenta con acompañamiento técnico y una conciencia de organización social para revertir situaciones desiguales e inequitativas, se ven expuestos a procesos de producción con un alto grado sacrificio, tiempos extensos, relegación de otros derechos esenciales y un producto que generalmente no cumplirá con los derechos a una vivienda adecuada. Es por esto que tanto, la PSVyH, como la PGSH, plantean que las familias y organizaciones tienen derecho a un acompañamiento técnico.

Este debería ser, según esta concepción:

a) Integral (inter o transdisciplinario) para abarcar la multidimensión del hábitat.

b) Respetuoso de las decisiones de sus protagonistas y de los diversos actores con los que se alía (participativo e intersectorial).

c)  Integrado a un proceso de producción social autogestionario que tiene sus propios tiempos, condicionantes particulares y estrategias, donde las y los profesionales aportan parte del conocimiento necesario adecuándose a las necesidades específicas del caso y sus actores (flexible, adaptativo, evolutivo en espiral).

d) Independiente de las lógicas estatales y económicas-financieras para poder actuar libremente en la exigencia de derechos relacionados al hábitat.

e) Accesible a todas, todos y todes, que sufren situaciones de violencia por incumplimiento de derechos al hábitat, más allá, de poder retribuir los honorarios profesionales. Debe considerarse un derecho de las organizaciones a recibir asesoría técnica, y a su vez, un derecho de las y los profesionales que trabajan la problemática del hábitat a tener posibilidad de ejercer su profesión fuera de las condicionantes y normas que impone la lógica del mercado formal y la concepción mercantilista de la vivienda. Se puede asimilar a la figura del defensor legal de oficio, y/o defensor del pueblo en el área legal.

f)  Democrático y transparente, porque las familias u organizaciones deberían tener la posibilidad de elegir el equipo técnico en base a conocimiento de la eficacia y ética de sus prácticas.

En particular, el proceso de DPS, articulado al proceso de PGSH, junto a el sistema de Diagnóstico + Planificación+ Monitoreo + Evaluación + Comunicación (D+P+M+E+C), se convierten en espacios de interaprendizajes, en base a compartir saberes y resignificarlos desde una perspectiva reflexiva crítica, abductiva y estratégica. Tanto los miembros del equipo inter o transdisciplinario, como los actores directos y aliados al proceso comparten un espacio de autoformación reflexiva crítica.

Todas/os/es aprenden entre sí, van a influir y van a ser influidos, por la incorporación de diversos saberes y la reflexión colectiva para de-construir percepciones naturalizadas desde el pensamiento único de modelos dominantes y descontextualizados.

Una metáfora que podría expresar el rol de estos dos instrumentos clave en un sistema integrado, es que el diseño participativo sustentable es el cuerpo que visibiliza o teje las ideas diversas, siendo el sistema D+P+M+E+C su cerebro estratégico.

Siguiendo el análisis de varios autores [2] sobre los escritos y las prácticas de Producción y Gestión Social del Hábitat podemos destacar algunos aspectos esenciales que identifican su esencia. No es una caracterización unívoca, por el contrario, es diversa y se adapta a variables que, en la práctica, se combinan y adecuan según actores y contextos.

La PGSH, principalmente aquella que se apoya en procesos autogestionarios colectivos, por implicar capacitación, participación responsable, organización y solidaridad activa de los pobladores, contribuye a fortalecer las prácticas comunitarias, el ejercicio directo de la democracia, la autoestima de los participantes y una convivencia social más vigorosa (Ortiz Flores, 2015, p. 75).

Entonces, la PGSH implica:

> Que no tiene por objeto negocios inmobiliarios, sino satisfacer necesidades y derechos humanos de población que tiene dificultades de acceso dentro de las reglas del mercado. Centrado en el ser humano y su relación con el contexto.

> Una forma de gestión y de acción que no responde al modelo dominante, sino a una cultura de la solidaridad y de la complementariedad con otros actores sociales, con implicancias políticas, económicas y sociales de transformación de las relaciones de poder y de géneros.

> Implica una participación efectiva, es decir con conciencia y entendimiento de la problemática sistémica que se enfrenta, con propuestas de diversas alternativas de acción acordadas en espacios de inter-aprendizajes, acuerdos y acciones que se toman durante todo el proceso de PGSH.

> Que tienen una manera consensuada de planificación, diseño, gestión y control por sus propios productores. Participación con responsabilidad y manejo de herramientas que amplíen sus capacidades para generar innovaciones y análisis racionales.

> Estar apoyado por acompañamiento técnico integral transdisciplinario, respetuoso de saberes, adaptativo al proceso, independiente del sector dominante, accesible a todas y todos y democrático que puede ser parte de la organización social, o ser externa a ella (ONGs, centros de asesoría técnica, institutos populares de vivienda, asociaciones civiles provivienda, entre otras).

> Una estrategia activa de incidencia política en la transformación de los modos burocráticos de gestión y ejecución de organismos estatales, que suelen responder a modelos verticalistas y sectoriales dentro del sistema dominante. Redefine la estrategia no gubernamental sostenida en la década del ochenta, por una construcción de espacios de participación, capacitación y toma de decisiones intersectoriales que permitan la negociación de intereses de los distintos actores, en forma transparente y en ejercicio de una democracia participativa.

> Que estos modos de gestión intersectorial, orientados al desarrollo integral y equitativo del hábitat, necesitan del perfeccionamiento de instrumentos jurídicos, normativos, administrativos, procedimentales, económicos, sociales y técnicos, apropiados y apropiables por los distintos actores con metodologías participativas.

> Implica producir vivienda y otros componentes físicos y sociales de la ciudad y el barrio que permiten el desarrollo de la vida. Estas prácticas están asociadas a programas de mejoramiento integral de barrios, hasta cooperativas autogestionarias de vivienda y otros aspectos que hacen al desarrollo comunitario.

> La forma de producción, ligada a la cultura, formas productivas, materiales y contexto local, generan una actividad económica endógena y sustentable.

[La PGSH] supera los enfoques especializados y reduccionistas. Se trata de procesos complejos y dinámicos que articulan la intervención de múltiples actores y fomentan su interrelación dialógica y crítica, en evolución y retroalimentación continua […]. No es solo tarea de arquitectos y urbanistas, mucho menos de promotores de negocios inmobiliarios, sino que exige el trabajo interactoral, intersectorial e interdisciplinario (Ortiz Flores, 2015, p. 85).

La PGSH, precisa de instrumentos apropiados y apropiables para poder acompañar, y no deformar o frenar procesos evolutivos de producción colectiva del conocimiento. En particular el diseño participativo sustentable articulado con el D+P+M+E+C, se convierte en hilos que entretejen una estrategia colectiva creativa, única y particular ■


REFERENCIAS

  • Di Virgilio, M. M. y Rodríguez, M. C. (Comps.). (2013). Producción social del hábitat: abordajes conceptuales, prácticas de investigación y experiencias en las principales ciudades del Cono Sur. Buenos Aires: Café de las Ciudades.
  • Díaz, J. y Ortiz Flores, E. (Coords.). (2017). Utopías en Construcción: Experiencias latinoamericanas de producción social del hábitat. México DF: HIC-AL Grupo de Producción Social del Hábitat.
  • Enet, M., Romero Fernández, G. y Olivera Gómez, R. (2008). Herramientas para pensar y crear en colectivo en programas intersectoriales de hábitat. Córdoba: CYTED.
  • López Medina, J. M. (2010). Metodologías participativas para la gestión social del Hábitat. Revista Hábitat y Sociedad, (1), pp. 83-103.
  • Massey, D. (2008). Pelo Espaco. Uma nova política da espacialdade. Río de Janeiro: Editora Bertrand.
  • ONU HABITAT. (2018, 22 de mayo). Viviendas y Asentamientos Precarios. [En línea]. México DF: ONU-Habitat. Recuperado de https://www.onuhabitat.org.mx/index.php/viviendas-y-mejoramiento-de-asentamientos-precarios
  • Ortiz Flores, E. (2015). “Producción Social del Hábitat y Vivienda”. Bases conceptuales y correlación con los procesos habitacionales. México DF: HIC-AL.
  • Ortiz Flores, E. (2012). “Producción Social del Hábitat y Vivienda”. Bases conceptuales y correlación con los procesos habitacionales. México DF: HIC-AL.
  • Ortiz Flores, E. (2007). Integración de un sistema de instrumentos de apoyo a la producción social de vivienda. México DF: HIC-AL.
  • Pelli, V. S. (2010). La gestión de la producción social del hábitat. [Archivo PDF]. Hábitat y Sociedad, (1), pp. 39-54. Recuperado de www.habitatysociedad.us.es
  • Romero, G. y Mesías, R. (Coords.). (2004). La participación en el diseño urbano y arquitectónico en la producción social del Hábitat. México DF: CYTED/HABITED/RED XIVf.

NOTAS

1.  “Trabajo cultural, religioso, colectivo, solidario, y como parte del proceso progresivo de desarrollo de objetivos comunes ligados a la producción de un hábitat para la vida de la persona en una comunidad” (Enet, Romero Fernández y Olivera Gómez, 2008, p. 40).


2.  Díaz y Ortiz Flores (2017), Ortiz Flores (2015; 2012; 2007), Pelli (2010), Di Virgilio y Rodríguez (2013), Romero y Mesías (2004), Enet, Romero Fernández y Olivera Gómez (2008).



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Enet, M. (2022, 16 de febrero). ¿Qué es la producción y gestión social del hábitat? [En línea]. AREA, sección Debates y Propuestas. Disponible en https://area.fadu.uba.ar/debates/enet

Magíster en Desarrollo Urbano y Arquitecta por la Universidad Nacional de Córdoba, especialista en el Hábitat Popular. Forma parte activa de redes Iberoamericanas de formación, investigación, acción sobre temas de hábitat y derechos. Profesora en maestrías, diplomados y diversas modalidades formativas en Iberoamérica. Con más de 36 años de experiencia profesional, ha realizado numerosas asesorías en Políticas y Programas Socio Urbanos integrales participativos en América Latina. Dentro de la especialidad, se destaca su aporte sobre tecnologías participativas integrales de hábitat, que se han sido valoradas a través de seis premios internacionales, los cuales han sido publicados en libros, capítulos de libros y artículos.